
Esta, la sonrisa, que en mis labios llevo
me la hizo un hombre sin mover un dedo.
Fui a su encuentro, como a cualquier otro,
sin expectativas, sin presentimiento.
Un paseo mas, un divertimento.
Y cuando nos vimos, me atrapó turbada
su mirada linda, su mirada clara,
de aquellas que hablan sin decir palabras.
Pero luego habló, y lo que me dijo
con suaves modales, con tan fino estilo
me llevaron alto, casi al paroxismo.
No me dio un beso, no prometió nada,
tal vez un regreso o una llamada.
Su interés en mi colmaron mis ganas.
Tanto me sedujo, tanto me halagaba,
tampoco ocultó que le era deseada.
Y, después de un rato, regresé a mi casa
no sin proponerme que en él pensara.
Y en todo ese encanto de gracia fluida
Más que codiciada, me sentí atendida.
Fui a su encuentro, como a cualquier otro,
sin expectativas, sin presentimiento.
Un paseo mas, un divertimento.
Y cuando nos vimos, me atrapó turbada
su mirada linda, su mirada clara,
de aquellas que hablan sin decir palabras.
Pero luego habló, y lo que me dijo
con suaves modales, con tan fino estilo
me llevaron alto, casi al paroxismo.
No me dio un beso, no prometió nada,
tal vez un regreso o una llamada.
Su interés en mi colmaron mis ganas.
Tanto me sedujo, tanto me halagaba,
tampoco ocultó que le era deseada.
Y, después de un rato, regresé a mi casa
no sin proponerme que en él pensara.
Y en todo ese encanto de gracia fluida
Más que codiciada, me sentí atendida.
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