
-¿Puedo convertirme en señor de tus deseos?
-¿Cuándo?
- Yo por ello viviré siempre rogando.
- ¿Puedo hacerme curador de tus pesares?
-¿Cuándo?
- Por tal gracia estaré siempre esperando.
- ¿Puedo ser el centro de tu alegría? ¿Cuándo?
- ¡Cuándo, cuándo, cuándo!
Cuando cierres por un rato esa boca
y concretes la parte que te toca
y en lugar de hablar vayas actuando.
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