Una urgencia incontrolable de estar vivos
nos juntó en aquel momento.
Con unas ganas ¡tremendas! de quererse y de querernos.
Reíamos al besarnos arrullados por los sueños,
para matar las angustias, la soledad y el tormento.
Porque fuiste en mi mirada el punto astral más complejo,
cuando no te conocía y habitabas en espejos.
Al principio de la historia no quise ponerte nombre
ni quise ponerte un verbo.
¿Para que poner un nombre a aquello que inesperado
fue arraigado en mis adentros?
Sentimiento prodigioso que al intelecto confunde
porque no halla clase ni precio.
¡Aquello que de tan lindo!... dolía verlo tan bello.
¡Ay! mariposa encantada, mi sol, mi amor, mi consuelo.
¡Te amé tanto, tanto, tanto!
Te amé y me amaste a pleno
que la dicha de estar juntos contagiaba a todo el pueblo.
Y en todas las callecitas dejamos surcos de besos.
Los frutos de aquellos surcos nacieron después de un tiempo.
A una le puse Entrega, a otro le puse Cielo. Y al último en nacer
le puse Amor Eterno.
Un día, cuando clareaba el alba entre los abetos,
te fuiste dejando una ausencia permanente y desaliento.
¡Ay! mariposa encantada, mi sol, mi amor, mi consuelo.
Ya se que no tienes vida, otra vez te has ido lejos,
a un lugar donde habitan solamente seres buenos.
Y fue tan bello este amor, tan deseado y verdadero,
que cuando elevo la vista intentando mirar el Cielo,
desde arriba tú me Entregas el sol de tu Amor Eterno.
El tiempo, que es curativo, va deshojando tristezas
y deja bellos recuerdos.
nos juntó en aquel momento.
Con unas ganas ¡tremendas! de quererse y de querernos.
Reíamos al besarnos arrullados por los sueños,
para matar las angustias, la soledad y el tormento.
Porque fuiste en mi mirada el punto astral más complejo,
cuando no te conocía y habitabas en espejos.
Al principio de la historia no quise ponerte nombre
ni quise ponerte un verbo.
¿Para que poner un nombre a aquello que inesperado
fue arraigado en mis adentros?
Sentimiento prodigioso que al intelecto confunde
porque no halla clase ni precio.
¡Aquello que de tan lindo!... dolía verlo tan bello.
¡Ay! mariposa encantada, mi sol, mi amor, mi consuelo.
¡Te amé tanto, tanto, tanto!
Te amé y me amaste a pleno
que la dicha de estar juntos contagiaba a todo el pueblo.
Y en todas las callecitas dejamos surcos de besos.
Los frutos de aquellos surcos nacieron después de un tiempo.
A una le puse Entrega, a otro le puse Cielo. Y al último en nacer
le puse Amor Eterno.
Un día, cuando clareaba el alba entre los abetos,
te fuiste dejando una ausencia permanente y desaliento.
¡Ay! mariposa encantada, mi sol, mi amor, mi consuelo.
Ya se que no tienes vida, otra vez te has ido lejos,
a un lugar donde habitan solamente seres buenos.
Y fue tan bello este amor, tan deseado y verdadero,
que cuando elevo la vista intentando mirar el Cielo,
desde arriba tú me Entregas el sol de tu Amor Eterno.
El tiempo, que es curativo, va deshojando tristezas
y deja bellos recuerdos.

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